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El teatro.

viernes, 26 de marzo de 2021

Mis mejores artículos; Despedida de Tomás Vidiella.-a

El Teatro Real de Madrid.

1.-Libreto de series de películas

2.-Teatro chileno

3.-Gastronomía

4.-Introducción al teatro y las artes dramáticas.

5.-Actor.

6.-Actriz.

7.-Automóvil

8.-Dramaturgo.

9.-Economía - derecho y Better Call Saul-Breaking Bad.

10.-Shakespeare.

11.-libreto The Paper Chase.

12.-Once Upon a Time in America.

13.-Libreto de Rob Roy.

14.-El Cheruve.

15.-Cine y televisión.

16.-Ensayo.

17.-historia del teatro.

18.-Edificio de teatro o ópera

19.-Jinetes hacia el Mar

20.- Música.

21.-Teatro quinta.

22.- Prensa.

23.-Periodista.

24.-El-teatro de shakespeare y el derecho

25.-Rasgos y perfiles del público del teatro de Shakespeare


En memoria de Tomás Humberto Eduardo Vidiella Baigorrotegui​.


"No digan que Tomás Vidiella murió de virus; él murió de teatro", dice Cristián Warnken tras el fallecimiento del destacado actor chileno. Y clama: "Ministra de Cultura: decrete estado de catástrofe espiritual".

Carta a Tomás Vidiella

Don Tomás Vidiella, maestro:

Me dicen que tiene que abandonar el escenario, que es imperativo hacerlo. No puedo creerlo. ¿Tomás Vidiella abandonando el teatro de la vida, porque a la Muerte se le ocurrió hacerle una visita intempestiva, de amante despechada, cuando ya usted parecía haberle cerrado una vez más la puerta en las narices, riéndose en su propia cara? "Muerte, no seas orgullosa", le dijo una vez el poeta inglés John Donne. "Muerte, no seas patuda", le diría yo, "quién te crees que eres, que te atreves a echar de escena al que más ama la vida, el teatro, el más entusiasta de los entusiastas, el que amaba disfrazarse y bailar hasta que las velas no ardan, a él?"

Por favor, las cosas que hay que ver en estos tiempos extraños. La cueca arriba del piano: ¡Tomás Vidiella muriéndose! Ahí está la muerte subida por el chorro llevándose a los que más necesitamos en estos días propensos a la angustia, la depresión, la desesperanza: los entusiastas, los agradecidos de la vida, los que jamás abdicaron al tedio y el aburrimiento que carcomen la existencia por dentro, haciéndola gris e invivible. Usted dijo, maestro: 
"Prefiero morir trabajando que morir de aburrimiento".
Trabajador de la fiesta del teatro, la vieja fiesta originaria que está en el comienzo de la cultura y la civilización. Porque el teatro no es adorno ni lujo, sino fundamento. Quienes -como usted- le dedicaron la vida, saben que la vida pasa por el teatro, que sobre las tablas late el fuego de lo que somos, el fuego ritual, dionisíaco, ahí donde los "daimones" hacen las de "quico y caco".

¡Ah, el teatro! ¡Como lo amaba usted, con qué fidelidad y alegría! Quien se ha embriagado una vez con él es muy difícil que pueda bajarse, por su propia voluntad, de la escena. Tendrán que echarlo a patadas de ahí. Usted definió muy bien esa experiencia, tan efímera y al mismo tiempo tan intensa, del "momentum" teatral, ese salto al vacío (al vacío que somos todos en el fondo), ese abandonarse al peligro de lo inesperado, eso que da el teatro y no da ninguna otra actividad humana. "Yo salto al vacío no más y no sé con qué es lo que me voy a encontrar", dijo en una entrevista reciente.

En un tiempo tan programado y predecible como el nuestro, esa adrenalina llena de la alegría que explica la risa sinfín del bufón, del juglar, la risa con la que seguramente lo encontró la muerte. Qué linda su risa, don Tomás, qué escasa esa alegría tan lejana de toda amargura o resentimiento, risa fresca de viejo vivido, de niño vivo todavía en el viejo. Actor que ha probado todos los formatos, que no se ha negado a experimentar nada, que sabe que no se puede vivir sin teatro, que vivir sin teatro es como morir un poco.

El teatro ha sido la actividad más amenazada de muerte en esta pandemia. ¿Que se agarró el covid en un ensayo? ¿Y qué esperaban de un viejo lobo de mar del teatro: que se refugiara y escondiera de la muerte en la seguridad de los que no viven sino que sobreviven? !Por favor! ¿Quieren que los actores, directores, productores del teatro se cuiden? ¡Pero si el teatro ha navegado y navega siempre en el peligro y lo mejor de sí aparece en ese peligro! ¿O se olvidaron del teatro vivo en plena dictadura? ¿Un virus iba a sacar a Tomás Vidiella de escena?

El teatro es un virus, el más contagioso de todos, el que enferma a quienes lo conocen desde joven, temprano. Por eso, no digan que Tomás Vidiella murió de virus; él murió de teatro. Vivió y murió en él, porque no hacerlo habría sido estar muerto en vida. De hecho, nos estamos muriendo por la falta de teatro en vivo. Ministra de Cultura: decrete estado de catástrofe espiritual: ¡el teatro, alma y cuerpo de Chile, está muriendo, y si él muere no nos servirá de nada haber sobrevivido al virus!



Qué alegría, don Tomás, haber vuelto, sin miedo, con alegría a interpretar un papel en "Orquesta de señoritas". Qué maravilla haber desafiado lo grisáceo de un Santiago en esos tiempos terribles después del 73 con "Cabaret Bijoux" ¡En medio del toque de queda! Y no parar de hacer teatro, aunque la muerte -en todas sus formas-estuviera ahí siempre asechando, envidiosa de esa vitalidad del teatro que se sobrepone al dolor, a la censura, a la enfermedad, al vacío. Y después vino "Viejos de mierda". Viejos de mierda somos todos al lado de usted, de su energía, su entusiasmo, su fe en el teatro. Qué ganas de ponerse a llorar con su partida… pero cómo podríamos hacerlo sin traicionar su sonrisa, su entusiasmo, su desbordante alegría. El show debe continuar. ¡Abran el Cabaret! ¡Infectémosnos de entusiasmo y mandemos a la muerte a la mierda!

¿Adónde se va a ir, don Tomás? ¿Hay teatro en otra parte que no sea la vida? ¿No me diga que ya encontró una fórmula para seguir actuando, de otra manera, en otro lugar que este erial de perplejidad? No me sorprendería nada… Los actores son capaces de todo, de armar algo desde la nada, de hacerles fintas a la Nada. 
¿Es este su "Largo viaje del día hacia la noche"? ¿O es "La muerte de un vendedor viajero"? ¿O todo esto es una gran mentira y usted no ha muerto y somos nosotros los muertos, los que nos quedamos sin su risa y su teatro, nosotros los huérfanos, los abandonados, los que claman por más teatro en estos días tristes del confinamiento? 
Hay una tradición, entre la gente de teatro, de repetir este "mantram", justo antes de que empiece la función: "¡Mierda, mierda, mierda!" Maestro: eso es todo lo que se me ocurre gritarle, con respeto, admiración, afecto, gratitud, ahora que dicen -¿puede ser, cierto?- que "su función" ha terminado.. Me rebelo ante eso y por eso le digo, desde el fondo del alma: ¡Mierda, mierda, mierda!

Desde mi jardín, marzo 2021




Tomás Humberto Eduardo Vidiella Baigorrotegui​ (Santiago, 26 de octubre de 1937-Ibidem., 10 de marzo de 2021)​ fue un actor, director de cine, teatro y televisión, y gestor cultural, con una gran trayectoria artística.
Fue fundador de las compañías de teatro El Túnel (1970), Hollywood (1976), Anfiteatro Lo Castillo (1980) y El Conventillo (1983), junto con su hermana Eliana Vidiella.​ Es considerado el padre del café-concert chileno, que ayudó a forjar y desarrollar con un notable éxito en las décadas de 1970 y 1980.
En teatro actúo y colaboró en diversas y exitosas obras, con giras nacionales e internacionales, como en Cabaret Bijoux y Viejos de mierda.6​ Mientras que, en televisión es reconocido por sus roles de carácter y fuerza interpretativa, en títulos como La torre 10, La villa, Amor a domicilio, Fuera de control, Sabor a ti y su magistral papel antagónico en Montecristo.

Biografía

Vidiella junto a colegas actores Patricio Achurra, Rodolfo Bravo, Willy Semler, Aldo Parodi, Cristián Campos, Romeo Singer, entre otros, en el Festival Internacional de Cine de Viña del Mar del año 2000.
Hijo de Tomás Vidiella Sánchez y Lina Elvira Baigorrotegui de la Barra.1​ Tiene una hermana llamada Eliana Vidiella, también actriz. En su infancia residió en una familia acomodada en el Barrio Lastarria de Santiago. Estudió internado en el Patrocinio San José y posteriormente en el Internado Nacional Barros Arana. Luego actuación en la Escuela de Teatro en la Universidad de Chile.8​ De su generación entraron 36 alumnos a teatro y egresaron solo cuatro, entre ellos Víctor Jara, Alejandro Sieveking, Luis Barahona y él.
Posteriormente, con Víctor Jara y Alejandro Sieveking hicieron una gira por Latinoamérica y cuando estaban en México, después de seis meses, se pelearon antes de partir a España. Entonces Vidiella regresó a Chile, vendió su ropa y su tocadiscos y partió a Nueva York con US$ 200.
Al regreso se destacó pronto, especialmente como creativo, gestor y empresario del espectáculo. Trajo a Chile el concepto del café concert, que desarrolló con éxito total. Y abrió nueve teatros, mientras seguía actuando. Su hermana Eliana lo respaldó en la administración de sus locales, alcanzando un gran éxito en los años 70 y 80. El primer espectáculo de este género en Chile lo orquestó Vidiella junto a los actores Alejandro Cohen y Pina Brandt, estrenando así Hagamos el amor en 1971 en el Teatro El Túnel.
Ya en 1961 el intérprete tiene su primera aparición en la fotonovela chilena, en la revista Cine Amor en El que volvió, dirigida por Eduardo Naveda. Vidiella aparece por primera vez en una portada en 1962 con El milagro.
Su experiencia profesional incluye numerosas obras teatrales en Teatro Nacional Chileno, Teatro UC y compañías independientes. Algunas de estas son Cabaret Bijoux, Marat-Sade, La Madre, Las sirvientas, La ópera de tres centavos, La muerte de un vendedor viajero, El avaro, Quién le teme a Virginia Woolf, La tempestad, El vestidor, Enigmas y Largo viaje del día hacia la noche. Por esta última estuvo nominado al Premio Altazor 2002.
Su compañía de Teatro El Túnel fue la primera en estrenar una obra de Isabel Allende en 1973, con Balada de medio pelo y con la actuación de Valentín Trujillo. En 1975, Vidiella debuta en el Instituto Chileno-Francés de Cultura con la obra Los siete espejos, escrita por Allende y Francisco Flores del Campo.
En 1976 interpretó al segundo personaje transformista en el teatro chileno, tras Travesti por mi abuela (1971) de Eduardo Soto, encarnando a “Lulú” en la obra Cabaret Bijoux, que se volvió un éxito y que con el tiempo llegó a ser presentada en Valparaíso, Osorno, Concepción, Arica, Puerto Montt y Valdivia. En la intervinieron célebres actrices como Sonia Viveros y Silvia Piñeiro.

En televisión, fue uno de los primeros galanes del Área Dramática de Televisión Nacional de Chile contratados por la Directora Ejecutiva, Sonia Fuchs, destacándose así en telenovelas como La torre 10, junto a Sonia Viveros y Javiera Parada, y en La Villa. También aportó su experiencia, como actor maduro en varias producciones de Canal 13, en la década de 1990, con títulos como Amor a domicilio, Fuera de control, Sabor a tí, entre otras. En 2006 antagonizó magistralmente la telenovela Montecristo, de Megavisión.
Como gestor cultural y productor, se destaca como fundador de los teatros El Túnel (1970), Hollywood (1976), Anfiteatro Lo Castillo (1980) y El Conventillo (1983). Este último fue de los pioneros en construirse en Barrio Bellavista, por lo que la actual efervescencia cultural del sector se le suele atribuir a su llegada. Ha actuado y dirigido en La profesión de la señora Warren (2002) y Los Chinos (2002).
Con la obra Parecido a la felicidad realizó giras por La Habana, Caracas, Bogotá, Guatemala, San José y ciudad de México. También ha estado de gira en Buenos Aires con Las Sirvientas, Fausto Shock y Los Chinos.
En 2001 fue condecorado con el Premio de la Asociación de Periodistas de Espectáculos, Arte y Cultura de Chile (APES) a Mejor Actor de Teatro en 2001 por Largo viaje del día hacia la noche.
Dentro del cine, se destacan sus actuaciones en El nominado (2003) y Cachimba (2004).


En el ámbito teatral, destacó en sus últimos años principalmente con la obra Viejos de Mierda (2015-2021), una delirante comedia escrita y dirigida por Rodrigo Bastidas, donde Vidiella compartió roles junto a Coco Legrand y Jaime Vadell.
En 2017 protagoniza la película La memoria de mi padre, junto a Jaime McManus, dirigida por Rodrigo Bacigalupe.​ Su interpretación fue ganadora del Premio a Mejor Actor en SANFIC Festival Internacional de Cine.
En 2018 recibió un homenaje por el Sindicato de Actores de Chile a su trayectoria.
El 26 de febrero de 2021, ChileActores le otorgó el Premio Caleuche a la Trayectoria por su excepcional labor en las artes escénicas.​ El actor sostuvo que:
  «He hecho una carrera por amor, porque es muy importante el teatro para la vida de los seres humanos».
El 5 de marzo de 2021 fue hospitalizado en la Clínica UC Christus tras contagiarse de COVID-19, solo días después de que se confirmara que Cristián Campos, su compañero de reparto en obra de teatro Orquesta de señoritas, también diera positivo.​ A su vez, todos los integrantes del equipo, que incluía además a Luis Gnecco, Willy Semler, Mauricio Pesutic, se sometieron también a una cuarentena preventiva.
El 9 de marzo su amigo y actor, Jaime Vadell, indicó que Vidiella se encontraba en buenas condiciones de salud, e incluso se comunicaron a través de un teléfono el día 6 de marzo.​ Pese a ello, el actor se mantuvo conectado a ventilador mecánico desde el 7 de marzo, falleciendo finalmente tres días después el 10 de marzo de 2021 a los 83 años.


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