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El teatro.

domingo, 21 de mayo de 2017

Vince Gilligan (director de cine ) a

Carla Nicol Vargas berrios

George Vincent Gilligan, Jr. (Richmond; 10 de febrero de 1967), conocido como Vince Gilligan, es un guionista, director y productor estadounidense. Es el creador de la aclamada serie televisiva Breaking Bad y su spin-off Better Call Saul. Gilligan también ha trabajado en las series The X Files y Los pistoleros solitarios. Se graduó de la Escuela de Arte Tisch de la Universidad de Nueva York.


Gilligan nació en Richmond, Virginia, y creció entre Farmville y el condado de Chesterfield.1​ Después de graduarse de la Escuela Secundaria L.C. Bird, asistió a la Universidad de Nueva York, donde obtuvo un título en Artes especializado en Producción cinematográfica otorgado por la Escuela de Arte Tisch2​ En la universidad, escribió el guion de Home Fries, que más tarde se convertiría en una película protagonizada por Drew Barrymore y Luke Wilson. En 1989, Gilligan recibió el premio al mejor guion otorgado por el gobernador de Virginia por este libreto.

Carrera

The X-Files

La gran oportunidad de Gilligan llegó cuando se unió al equipo de guionistas del drama televisivo The X Files, emitido por la cadena Fox. Gilligan era fan de la serie, y le envió un guion a Fox que se convertiría en el episodio Soft Light de la segunda temporada.3​ Más tarde escribió 26 episodios más, además de haber participado como productor ejecutivo adjunto en 44 episodios, como productor ejecutivo de 40, como coproductor de 24 y como productor supervisor de 20. Después de The X-Files, trabajó como productor ejecutivo de los trece episodios de Los pistoleros solitarios.

Breaking Bad

Gilligan es principalmente reconocido por haber creado, escrito, dirigido y producido el drama televisivo Breaking Bad, emitido por la señal AMC.
En 2008, fue nominado para un Premio Emmy a la mejor dirección de serie dramática por el episodio piloto; en 2012, volvió a ser nominado en la misma categoría por el episodio Face Off.

Nacimiento de Saul Goodman.-a




Better Call Saul no está aquí para cambiar la historia.
Aldo ahumada chu han
La mejor temporada de la serie refuerza su tragedia: las decisiones están tomadas, el destino está sellado, y sólo podemos ver a sus personajes repetir sus errores.
Aldo ahumada chu han



El final de la cuarta temporada de Better Call Saul revela su mano, después de construirla cuidadosamente durante 40 episodios. El spin-off de Breaking Bad se presentó en un inicio como una historia de origen; un viaje para entender a un personaje que en la serie original no tenía mucho trasfondo. Pero quedarse en esa premisa sería reduccionista y simplista para una serie que es mucho más que eso. Lo que Better Call Saul hizo por cuatro temporadas fue un ejercicio más profundo y complicado que explicar las motivaciones de un personaje. El fondo de la historia ideada por Vince Gilligan y Peter Gould es otro: la tragedia de no poder cambiar el pasado.
Ver "Winner", el reciente final de temporada, recuerda de cierta forma ver "The Veredict", el final de la primera temporada de American Crime Story; el desenlace del juicio contra O. J. Simpson. En ninguno de los nueve episodios anteriores la serie de Ryan Murphy (el punto más alto en su inconsistente carrera) daba ni siquiera la más mínima señal de querer reescribir la historia, o dar una versión alternativa al juicio real en contra de la ex estrella de fútbol americano. Y aun así, existía la leve esperanza del espectador de que las cosas fueran distintas. Que Simpson no saliera libre, que su defensa no aprovechara las tensiones raciales de Los Ángeles en los 90 para exculpar a un hombre que renegó toda su vida de su color de piel, pero que tuvo pocos inconvenientes en aprovecharse de luchas legítimas como coartada de un crimen monstruoso. Uno esperaba, a pesar de que era imposible, un final feliz.
Aldo ahumada chu han
Pero todo el punto de American Crime Story es que la historia está escrita. Que sus consecuencias son inevitables, y que la perspectiva, si bien necesaria, es desgarradora cuando identificas exactamente el momento en que todo salió mal, y simplemente es imposible volver atrás. Better Call Saul dio una clase magistral de ese punto en esta temporada, la mejor de una serie que sólo se supera.
Es ese determinismo angustiante el que se respira en cada minuto de "Winner". Porque no sólo el capítulo marca el momento en que Jimmy McGill sella su destino transformándose en Saul Goodman, sino también el momento en que Mike Ehrmantraut firma con sangre su lealtad a Gus Fring. Esa lealtad que lo tendrá en un futuro no tan lejano con una bala en el abdomen, desangrándose en una roca y pidiéndole a Walter White que cierre la puta boca y lo deje morir en paz. La serie tendrá a Goodman en el título, pero es tanto la tragedia del abogado incapaz de escapar de su naturaleza corrupta como del ex policía que termina siendo el brazo derecho de un capo de la droga.
El golpe bajo del capítulo es que enfatiza lo más que puede el cómo todo podría haber sido distinto. Como la relación de Jimmy y Chuck McGill, a pesar del mutuo desprecio, tenía momentos de profunda dulzura y empatía, y que si ambos hubieran dejado de lado lo peor de sus naturalezas, quizás sus historias habrían terminado de otra forma. Mike, por su lado, intenta por todas las formas arreglar su predicamento sin muertes. Su búsqueda por Werner Ziegler es también una desesperada maniobra por intentar mantenerlo con vida; un ideal ingenuo para un hombre que ya debería conocer a Gus Fring lo suficiente como para saber que los errores se pagan con la vida. Pero es finalmente Mike quien tiene que tomar una decisión, y decide jalar el gatillo sobre un hombre que lo consideraba un amigo. El único otro momento en que se vuelve a ver a Mike, es una representación simbólica de su venta de alma al diablo: silente, entre las sombras, vigilando a Fring.
El final de Jimmy McGill y el nacimiento de Saul Goodman es igual de escalofriante. Bob Odenkirk ya había tenido un momento magistral representando el quiebre de su personaje sólo con su rostro: cuando Howard Hamlin le cuenta que la muerte de Chuck no fue un accidente, sino un suicidio, y que se culpa a sí mismo, la expresión de Jimmy es de un frío alivio, la misma cara que ha puesto cada vez que se sale con la suya. Un verdadero triunfo del lenguaje no verbal, a la par del momento de la segunda temporada de Breaking Bad en donde Walter White deja morir a Jane, la novia de su protegido Jesse Pinkman, ahogada en su propio vómito. Un momento clave, en que Bryan Cranston, sin diálogos, pasa por una montaña rusa de emociones, hasta un desenlace tremendo: ya no existe Walter White. Sólo Heisenberg.
Y McGill vive un proceso similar en la cuarta temporada, pero extendido en diez episodios, siendo el último de estos el punto de no retorno. Poco se puede hacer después del espectáculo repugnante que el personaje realiza durante el último episodio, explotando sentimientos que no tiene por su fallecido hermano para recuperar su licencia de abogado, pero también para enterrar su apellido y legado. Debería ser sólo condenable, el momento para rendirse con Jimmy McGill y Saul Goodman. Pero incluso cuando desde el principio se revela el plan del protagonista, no se puede evitar aún esperar su salvación. Desear que cambie, que tome una decisión distinta, algo que impida que eventualmente sea Gene, el calvo empleado en una sucursal de Cinnabon, condenado al arrepentimiento y la paranoia.
Pero no. La lección ha sido enseñada una y otra vez, pero aun así Gilligan y Gould saben que no la hemos aprendido. Que aún esperamos cambiar la historia. Y por eso, ese momento final, en que nos damos cuenta que es imposible, es aún más terrible. La expresión de horror de Kim Wexler es la expresión de una audiencia que seguía esperando un final feliz. La historia ya estaba escrita, y lo que viene sólo será terrible. Saul Goodman y Mike Ehrmantraut están condenados antes de empezar la serie. Lo fascinante es cómo, durante mucho tiempo, seguimos esperando que no fuera así.


Biografía de Saul Goodman

Nace 12 de Noviembre de 1960

1992.-Problemas judiciales en cicero.-32 años.-En mayo de 2002, piloto de serie  Better Call Saul. Jimmy McGill es un defensor público de Albuquerque.

1998.-Abogado.-38 años.-

Better Call Saul (episodio de Better Call Saul) 48 años.-Año  2009.

Better Call Saul : "Mijo".-a

Carla Nicol Vargas berrios


Tengo dos opiniones sobre el segundo episodio de esta segunda visita a Land of Enchantment de Vince Gilligan. Lo cual es natural, ya que parece moverse en dos direcciones diferentes. Los toques estilísticos nos llevan de vuelta al tipo de imágenes y edición que siempre se asociarán con Breaking Bad , el estilo que lo distinguió y definió su versión cinematográfica del drama serializado. Pero al mismo tiempo, los temas cuidadosamente ilustrados de este episodio trazan un curso deliberado lejos del arco de arrogancia y engaño de BB . Puede parecer más de lo mismo (glorioso, emocionante). Pero no te dejes engañar. El camino de Jimmy a Saul cubre un territorio diferente al de Walter a Heisenberg.

Tal vez sea porque Walter, en toda su hiriente importancia, nunca aprendió a hilar como Jimmy. Sostenido a punta de pistola, pasa de ser muy confuso ("¿Hay alguna posibilidad de que haya un Betsy Kettleman aquí? No estoy seguro de si esta es una situación en la que debería o no mirarte a los ojos") a ser muy persuasivo ("¿Por qué? saltar a la opción nuclear? ”) antes de que su captor Tuco le diga una oración completa. (Y cuando Tuco finalmente lo hace, es un comentario sobre esa misma volubilidad: "Wow, tienes una boca encima de ti"). Los skaters, acaparados en el garaje, no pierden el tiempo identificando a Jimmy como el autor intelectual de "golpear mi abuelita". como dice Tuco, y lo siguiente que sabes es que Nacho y No Doz están parados con su compadre sobre los tres co-conspiradores en el desierto, listos para recibir una retribución por esta falta de respeto. Fue entonces cuando Jimmy giró en un centavo en un intento desesperado de usar la paranoia de la tripulación sobre las amenazas a su negocio de drogas contra ellos. "¡Soy el agente especial Jeffrey Steel, FBI!" él brama. “¡Estoy encubierto, soy la punta de la lanza! ¡Liberarme sería el movimiento inteligente!

Nacho (agudo y poseedor de Michael Mando) no lo está comprando. Cuando Jimmy no puede llegar a nada específico sobre su "investigación" ("Es el Título 21, los Anexos A a D, incluida la Parte B, eso es lo que llamamos en la oficina ... Operación Kingbreaker"), Nacho lo atrapa rápidamente a la verdad: es abogado. "Regañar a un abogado es un mal negocio", convence a Tuco, interrumpiendo la celebración de su coronación. Y además, blandiendo la caja de fósforos "James M. McGill: un abogado en el que puedes confiar", Nacho ahora tiene un control sobre él, y no pasará mucho tiempo antes de que comience a apretar.

Pistolas, cuchillos, narcotraficantes asesinos que posan en medio del matorral del desierto, suburbanos asustados que suplican por sus vidas: es una escena que se desarrolló varias veces en Breaking Bad. Pero lo que sucede después es completamente nuevo. Jimmy se soltó, y los patinadores van a pagar el precio más alto por llamar a la abuelita de Tuco un "viejo loco loco". ("Muy mal juicio", como Jimmy lo devolvió a la casa.) Pero en lugar de agradecer a su afortunado Nachos y salvar su piel, Jimmy interrumpe el asesinato para tejer una historia calculada para cambiar la mente de Tuco: la pobre madre de los skaters, trabajando sus dedos hasta el hueso para los ricos, desconsolados por sus amados pero tontos hijos. Si Tuco los deja ir, todos reconocerán que es "duro, pero justo". "Eres todo acerca de la justicia", dice Jimmy, pintando una nueva imagen de sí mismo para el gángster de ojos locos, una que encaja ingeniosamente con la etiqueta de "rey" que tanto complació a Tuco antes.


Y mientras Jimmy invita a Tuco a "hablar de proporcionalidad" y descubrir a través del diálogo qué nivel de lesión compensará el error cometido por los skaters, la escena no me recuerda nada más que el maravilloso episodio en Génesis donde Abraham regatea con Dios sobre cuántos justos Hay que encontrar hombres en Sodoma para salvar la ciudad. Al igual que Jimmy, Abraham adula la justicia de Dios para alejarlo de la retribución ("¡Lejos de ti hacer tal cosa, matar a los justos con los malvados, para que los justos se comporten como los malvados! ¡Lejos de ti!" ¿No hará el juez de toda la tierra lo que es justo? ”). El poder no se trata de complacer tus caprichos enojados. Mostrarle a todos quién es el jefe significa actuar como un verdadero gobernante, uno que toma decisiones racionalmente en lugar de precipitadamente, uno que es "el hombre" porque actúa de una manera "eso es justo, eso es justo".

Durante todo este intercambio, le grité a Jimmy que redujera sus pérdidas y dejara a los patinadores idiotas a los buitres. Este no es un sacrificio noble, como las veces que Walt le puso el cuello por Jesse; los patinadores no significan nada para Jimmy y Jimmy no significa nada para ellos. Esto es riesgo sin ninguna razón. Excepto que esto es lo que separa a Jimmy McGill de Walter White. Jimmy realmente quiere representar algo. Después de todo, cuando llegó el momento de empujar en el desierto, no necesitaba un discurso ensayado o coraje holandés. "Acabo de convencerlo de una sentencia de muerte a seis meses de libertad condicional", les dice a los internos mientras los ayuda a la sala de emergencias. "Soy el mejor abogado de todos". En el montaje posterior, vuelve al trabajo de defensor público: $ 700 por café de prueba en una máquina expendedora, impresiones de Roy Scheider en el espejo del baño, de vez en cuando una pequeña victoria sobre el monótono zumbido del fiscal de "mezquino con un prior". “No estoy retrocediendo. Esto no es Slippin 'Jimmy ”, le insiste a Chuck, incluso cuando le ruega a su hermano que se quite la manta que está alrededor de sus hombros porque en su borrachera Jimmy olvidó dejar su teléfono afuera. Para Jimmy, la manta espacial es un viaje de culpa, un recordatorio puntual de que Chuck ya no puede luchar por la justicia y que Jimmy no está a la altura de sus estándares.

Y así, cuando Nacho, inevitablemente, llega a la sala de calderas y le pide un favor a Jimmy, Jimmy no cede y le dice lo que quiere escuchar. Su integridad, asombrosamente, es a lo que elige aferrarse. "No iba a estafarlos", dice de los Kettlemans, cuando Nacho exige hacerse cargo del plan de sacudidas que intuyó de los balbuceos del desierto de Jimmy sobre tesoreros corruptos y malversaciones de un millón de dólares. “Solo quería su negocio. ... Soy un abogado, no un criminal ". Pero desafortunadamente, al igual que sus compañeros de patinadores, no tiene una pierna para pararse. "Cometí un error", confiesa, y es esa debilidad, no sus ideales empañados y maltratados, lo que marca el rumbo de lo que se avecina.

Observaciones perdidas:

Eso es mucho tiempo para mantener esa foto de Jimmy haciendo una mueca mientras la tripulación de Tuco rompe las piernas de los patinadores. ¿Cuál es su lección para llevar:

 "Habrá consecuencias por la forma en que me manejo" o "Huh, a Tuco realmente le gusta lastimar a la gente"?
No cedo ante nadie en mi admiración por Michelle MacLaren, ni en mi felicidad por haber sido elegida para un trabajo de alto perfil basado en ella. Breaking Badarte. Pero mis sentimientos encontrados sobre el episodio dos provienen de la familiaridad de, e incluso la posible indulgencia excesiva, de algunos de esos tropos. Ese montaje de Jimmy The Public Defender, por ejemplo, es sorprendentemente largo y repetitivo, a pesar de que me gustan muchos momentos individuales dentro de él, como el truco con las puertas giratorias de la sala del tribunal y el pago lateral de la taza de café (tira los dados que a menudo , está obligado a suceder). Lo mismo puede decirse de la secuencia larga y expresionista en el bar con el escote y las bebidas paraguas y los palitos de pan. Si es un contrapeso consciente de la continuidad de la novedad vigorizante de los temas sobre los que escribí anteriormente, en mi opinión, es demasiado agresivo.
Cuando Jimmy pide leche para su café, Chuck le da un aspecto de "sabes que no tengo leche". No pude encontrar ningún vínculo obvio entre la leche y la hipersensibilidad electromagnética. ¿Es esa mirada solo porque se suponía que Jimmy traería algo y (en su embriaguez) se olvidó? Y cuando Jimmy molesta a Chuck para que se quite la manta, parece que está haciendo una declaración sobre la condición de Chuck, es decir, que no cree en ella. ¿Jimmy piensa que la existencia de Chuck en la jaula de Faraday es todo un juicio elaborado dirigido a él?
Jimmy trae un animal de peluche para la mujer que reparte las tareas de defensor público. Si revisas la parte superior de los archivadores detrás de ella, está claro que él (y tal vez otros) han jugado esa carta antes.
"Todo lo que me has dicho es privilegiado". "Rata, mueres". “Y eso también, sí”.

Los hermanos McGill.-a

Carla Nicol Vargas berrios



   “Better call Saul”, se ha dicho por críticos de respeto, yo me limité a repetirlo, era en las temporadas anteriores una especie de serie bifurcada: por un lado, la historia de Mike, por otro, la de Jimmy. Las interacciones entre el ex policía y el abogado daban cierta unidad a la serie, que terminaba de cohesionar el conocimiento que tenía el espectador del universo donde se desarrollaba y del destino de los personajes (al menos, de parte de ellos). En esta tercera temporada, se puede defender que la estructura es similar; sin embrago, la historia de Mike sufre ella misma bifurcciones, subdivisiones. Con lo que una de las historias que conformaban el delicado equilibrio de la serie se transforma en un ramillete coral, con varias tramas entrelazadas, mientras la otra sigue su camino, aparentemente cada vez más desconectada de la otra. Los platillos de la balanza se han desequilibrado bastante esta tercera temporada. Ello no ha afectado a la calidad de este spin-off excepcional, aunque admito que mi sensación de estar viendo dos, en vez de uno sólo, ha sido más intensa este año.
    Habíamos dejado a Mike en su guerra particular contra el clan Salamanca, detenido el dedo en el gatillo, casi literalmente, por una escueta nota. Todos intuíamos quién estaba detrás de esa nota y todos esperábamos que su autor apareciera esta temporada. Y lo hizo, pero el ritmo pausado que Gilligan y Gould y los demás escritores han impuesto a la serie, hizo que se demorara. No me quejo; este ritmo pausado es una de las virtudes de la serie: le da una potencia de fuerza de la naturaleza, como una erupción volcánica, que tarda en gestarse, pero que no puede detenerse una vez comienza y que tiene consecuencias irreversibles.
   He leído alguna queja sobre las secuencias prácticamente mudas de Mike: desmontando meticulosamente su coche; vigilando, mientras come pistachos, en mitad de la noche; registrando el desierto, en busca del cadáver de la desdichada víctima de don Héctor y los suyos. A mí me parecen secuencias brillantes. Mike es un individuo cauto, solitario y silencioso. Es lógico que sus escenas en solitario sean cautas y silenciosas. Jonathan Banks sigue siendo capaz de darnos el equivalente a un soliloquio interno sólo con mover el mentón y no tendría mucho sentido verle soltando parrafadas o diálogos interminables.
   Lo que sí tiene sentido es que, siendo Mike y su historia la más relacionada (por ahora) con el mundo criminal en el que vimos zambullirse a Walter White, Mike se relacione cada vez más con los habitantes de ese mundo. La historia de Mike tiene que acomodar dentro de su espacio a la historia de Nacho y, también, al Hombre Pollo. Esto implica algún sacrificio: las secuencias familiares de Mike, donde se ve su lado más bondadoso, las que nos dan el porqué de sus acciones turbias (el Bien como un posible origen del Mal, uno de los interrogantes de “Breaking Bad”) han sido reducidas drásticamente. No eliminadas, empero, y han dado pie a alardes cinematográficos (la secuencia circular del grupo de duelo, donde sólo al final se nos desvela la presencia de Mike, escuchando a la viuda de su hijo, es particularmente brillante); reducidas, no obstante, a una mínima parte de lo que habían sido.

   En compensación, Nacho ha retomado protagonismo. Aunque sea un personaje que me importa más bien poco, todas sus escenas y secuencias van del notable al sobresaliente: sean sus diálogos con Mike, sea su relación con su padre (qué escena, esa charla nocturna, en la que el hijo trata de salvar a su padre, sin poder decirle parte de la verdad, mientras el padre, al que se ha descubierto toda la verdad que le hace falta, es aplastado por la decepción y la tristeza), sea el desarrollo de su plan para eliminar a Héctor Salamanca. Las secuencias en el café donde Nacho hace las veces de cobrador, casi mudas, son otro ejemplo de cómo se pueden usar las armas del cine o la televisión para desvelar o confirmar la psicología de los personajes apenas sin palabras. O cómo crear una tensión casi insoportable: Nacho dándole el cambiazo al viejo Salamanca con las pastillas me tuvo en el borde del sofá con la espalda como una tabla, igual que cuando Walter trataba de hacer volar a Gus por los aires en el aparcamiento.

   Y Gus, efectivamente, ha regresado. Mike ha seguido el rastro y ha encontrado a la araña. Claro que porque la araña tenía curiosidad por ver hasta dónde era capaz de llegar este viejo perro y hasta qué punto le podría ser útil. Muy útil, ha concluido.

   Como ya he dicho, la aparición de Fring no ha pillado a nadie por sorpresa. Pero que levante la mano el que no haya sentido un estremecimiento de placer al desvelarse el emblema de los Pollos Hermanos. ¡Y qué entrada, la de Gustavo! ¡Eso es conocer a un personaje! Nada de fanfarrias, nada de espectáculo! Una figura borrosa está barriendo el suelo al fondo del restaurante. Pero lleva esa camisa amarilla, esa corbata negra, tiene esa complexión… y es él, en efecto, con una escoba en la mano, el humildísimo gerente de la franquicia de pollerías. V.M. Varga, el pérfido villano de la tercera temporada de “Fargo” no podría menos que respetar a otra mente maestra criminal con vocación por la invisibilidad.

   Gus trajo consigo que el velo sobre el cartel, que ya se había levantado en parte la segunda temporada, quedase corrido del todo. Incluso pudimos ver de nuevo a la cima de la pirámide, don Eladio, amenazador sin dejar de reír. La lucha de poder entre el cartel no ocupó mucho tiempo (no lo había), pero la maestría de los guiones quedó de nuevo demostrada al hilar los mismos perfectamente la conspiración particular de Nacho, la guerra de Mike y su progresivo reclutamiento por Gus (ese apretón de manos; qué inteligencia, la de Fring: “Nunca robaría de su familia”, con ecos de su primitiva seducción de Walter) y la forja por éste de su imperio, con el grupo Madrigal de nuevo entre sus aliados o peones.
    La vida de Mike está ahora mucho más poblada de criaturas turbias y siniestras. Para nosotros, eso son buenas noticias.

   ¿Qué hay de la vida de Jimmy? Jimmy ha tenido muy poco contacto con Mike. En una ocasión, Mike le tuvo que pedir, rechinando los dientes, ayuda. En otra, fue Jimmy quien recurrió a Mike. Fuera de ese toma y daca, han sido dos extraños. Mike tenía bastante en su plato. Jimmy, aún más.

   Igual que en los años anteriores, por muy entretenida y hábil que fuera la parte de la serie dedicada a narcotraficantes, el peso auténtico está en la consagrada a Jimmy, Kim y Chuck. Los, para mí, dos mejores capítulos de la temporada (el quinto y el décimo) están libres de toda referencia a Mike, Gus o los Salamanca. Sólo los hermanos McGill.


Carla Nicol Vargas berrios

   Los primeros cinco capítulos cubren la batalla entre Chuck y Jimmy. Chuck, tan reverente con las leyes, las ha, por lo menos, doblado, al grabar a Jimmy sin su consentimiento. No puede usar ese arma ante un tribunal. No puede hacerla pública. Pero puede usarla de un modo más insidioso. Los que siempre han visto a Jimmy como más astuto que su hermano se habrán replanteado su posición: Chuck conoce bien a su hermano pequeño. Sabe que es de mente ágil, un improvisador casi genial, pero que carece de su sangre fría, de su paciencia reptiliana. Sabe, he aquí lo terrible, lo mucho que Jimmy le admira y le quiere, lo mucho que esta traición le dolerá, la desesperación a la que le arrastrará (por miedo profesional y, sobre todo, por angustia personal). Y Jimmy, efectivamente, no es capaz de seguir los calmados consejos de Kim. Y cae en la trampa de Chuck.
   Ah, no obstante, Chuck sólo es capaz de esta forma de pensar digna de un estafador como excepción. Una vez ha dado fruto su plan, se repliega al mundo que mejor conoce, donde se sabe imbatible: el de las leyes. Tiene las pruebas y se mete a la fiscal especial en el bolsillo sin dificultades. Fuerza un acuerdo lo más humillante y destructivo posible para su hermano. Esta vez, está decidido a destruir a Jimmy McGill, Esquire, y devolverlo al cuarto para el correo del que nunca debió salir.
   Chuck está seguro de su victoria y este orgullo, que le ciega, le pierde. Porque si Jimmy ha aprendido algo en su vida es a salir de situaciones comprometidas. Arrinconado, ante un adversario al que siempre ha admirado, cuya inteligencia siempre le ha abrumado, al que conoce, sin embargo, tan bien como éste le conoce a él, contraataca. Y qué contraataque. La ofensiva de Chuck es tan implacable, que hasta la íntegra Kim, sin vacilación, se hace partícipe del engaño de Jimmy. Así llegamos a la batalla campal, en el capítulo quinto. Es un placer intelectual un tanto perverso ver a Jimmy colocar trampas dentro de trampas, engaños dentro de engaños, sabiendo que Chuck será capaz de verlos casi todos, de desbaratarlos casi todos, de parar casi todas sus estocadas… menos la definitiva, la auténtica. ¡Qué actor es Michael Mckean! ¡Qué monólogo de derrumbe! A nadie le cae bien Chuck, de acuerdo, pero se puede entender su punto de vista, sin apreciarlo. Y su derrota, tan pública, tan demoledora, es dura de contemplar.
   Pero he aquí que eso ocurre a mitad de temporada. La guerra ha acabado. Y se nos ofrece la posguerra. Y hay otra vuelta de tuerca genial: Chuck parece haber perdido. Jimmy parece haber salido bastante bien parado. Pero Chuck emerge casi triunfante y Jimmy casi vencido.
   Admito que esperaba que Chuck, enfrentado ante la evidencia de su enfermedad mental, se encerraría en una paranoia absoluta. Todo lo contrario (una vez más, ¡qué escritores hay en esa sala de guionistas). Mira a las pruebas y concluye que su enfermedad puede ser mental, no física. Que puede haber estado equivocado todos esos años. Y, mente rigurosa, de acuerdo con su doctora (Clea DuVall, esa vieja conocida de “Carnivàle”), comienza su recuperación.

   En cambio, las cosas no van bien para Jimmy. Ni para Kim. Suspendido por un año, pero incapaz de admitir que Kim cargue en exclusiva con los gastos del bufete, Jimmy busca otras vías de ingresos. Dentro de la ley. Y su ingenio, tan fructífero cuando está al servicio de una estafa con todas las letras, es insuficiente para sacar dinero de estos apaños cada vez más desesperados. El viejo Jimmy, el Jimmy de la juventud callejera, empieza a asomar de nuevo. Y esta vez, con un nombre tras el que esconderse: Saul Goodman.
   Saul Goodman. Sabíamos que ese nombre aparecería. El futuro de Jimmy surge como una herramienta temporal, algo que se usará y se desechará. El espectador, que sabe más, sufre o disfruta sádicamente, al ver a Kim y Jimmy reírse de esta criatura ridícula, que, piensan, no tendrá importancia en sus vidas.
   Saul Goodman no es lo mismo que Jimmy McGill, ni siquiera que Slippery Jimmy. Es Slippery Jimmy sin ningún control, sin ningún contrapeso. Y está cada vez más cerca. Cuando sus intentos de lograr dinero de modo más o menos legal fracasan, Jimmy retoma el camino descendente. Estafa a los gemelos músicos (que antes trataron de medio estafarle a él), extorsiona al mezquino encargado de los servicios comunitarios… y teje una red para forzar a sus antiguos clientes de la residencia de ancianos para que lleguen a un acuerdo en el pleito que tanto tiempo ocupó en las temporadas pasadas y él pueda cobrar su parte. Es un plan ingenioso y que vuelve a demostrarnos lo hábil que puede ser Jimmy manipulando a la gente, incluso a gente que le importa. Un plan que nos da uno de los momentos más oscuros de la serie, en penetrantes palabras de Alan Sepinwall: una anciana a la que nadie aplaude al ganar el bingo.
   Jimmy no es, aún, Saul. Sus clientes le importan, le importan genuinamente. Y cuando ve que no puede soportar el sacrificio de esa anciana, pieza clave en su plan, desenreda su propia red y, en verdad, se inmola a sí mismo, a su reputación, para salvarla.

   Esto es muy importante. Se han establecido, lógicamente, paralelismos entre Walter White/Heisenberg y Jimmy McGill/Saul Goodman. La diferencia clave, creo yo, es ésta: Heisenberg estuvo siempre dentro de Walter, esperando que las circunstancias fueran propicias para alzarse; el ansia de poder, de control, la lascivia por la manipulación y el dominio siempre estuvieron en Walter. Jimmy es justo el reverso. Dentro del estafador esperaba su oportunidad el hombre honrado. Llevamos tres temporadas viendo cómo el mejor Jimmy trata de imponerse al Jimmy turbio. Cómo intenta dejar atrás las trapacerías, apoyándose en tres pilares: el amor y el respeto que siente por su hermano y que desea recibir de él; el amor y el respeto que siente por Kim y que desea recibir de ella; la estima que siente por sus clientes y que desea recibir de ellos.
   Pero la admiración y el respeto por Chuck han muerto: lleno de rencor, Jimmy sabotea (es algo trágico) la incipiente recuperación de su hermano, hasta llegar a una desolación mutua total. Las últimas palabras de Chuck a Jimmy son tal vez las más crueles que un hermano puede decirle a otro.
   La estima de sus clientes ha desaparecido, en el sacrificio propio que ha orquestado Jimmy.
   Sólo queda Kim. La espléndida Kim. La relación de pareja entre Kim y Jimmy está entre las mejores que haya visto. Contenida (Kim es una de las personas más reservadas y controladas de la serie, lo que no es decir poco), poco explícita (hay poco contacto físico entre ellos), pero innegable (lo que hacen Bob Odenkirk y Rhea Seehorn sólo con los ojos…). Para que Jimmy caiga en Saul, Kim tiene que desaparecer, de un modo u otro. Esa desaparición está en marcha: a Kim le devora la culpa por su parte en la humillación de Chuck y se zambulle en el trabajo hasta el agotamiento (ese accidente de coche lo temía y lo temía mucho peor). A fin de temporada, Jimmy y Kim han sobrevivido.
   Sin embargo, tenemos la carga del conocimiento. Sabemos que no hay esperanza para Jimmy. No la ha habido para Chuck. No la habrá para Kim.


           
 Un hombre tenía dos hijos. Si a la tenebrosa historia de Walter White y Heisenberg le venía como anillo al dedo los versos poderosos del “Ozymandias” de Shelley, a la historia de James McGill, esquire, algún día Saul Goodman, le encaja de un modo peculiar la parábola que se narra en Lucas, capítulo 15, versículos 11 a 32. La del hijo pródigo. Que los más finos intérpretes opinan debería ser la parábola del padre y los dos hijos.
  Cuando se anunció que, después de haber dado al mundo esa obra maestra sin paliativos que es “Breaking Bad”, Vince Guilligan, con Peter Gould, iba a rastrear la historia de Saul Goodman, millones dimos palmas con las orejas. El personaje de Saul, de entre los muchos del rico universo del señor de la droga azul, era uno de los más pintorescos, memorables y queridos, una colorida sabandija parlanchina, llena de inventiva, aunque temerosa de los reptiles inmensos que se deslizaban por el pantano de Albuquerque. ¡Qué mejor noticia que poder volver a este mundo, con este abogado de camisas chillonas y labia inagotable!

 Confieso, y no creo haber sido el único, que me esperaba una serie muy distinta a “Breaking Bad”. En eso, no me equivoqué. Estaba bastante seguro de que, esta vez, el humor, aunque negro, tendría la palabra, que tal vez el formato sería de media hora, en vez de los cuarenta y cinco o cincuenta de la serie madre. Que nos encontraríamos con Saul Goodman, en su grotesco despacho, dando un quebradero de cabeza tras otro a policías y fiscales y, tal vez, vislumbrando algo del mundo del narcotráfico. Y aquí, sí, me equivoqué bastante. Porque Vince Guilligam, Peter Gould y el equipo de guionistas, directores y actores nos iban a dar otra serie. Una mucho mejor de lo que esperaba y totalmente distinta. O, mejor dicho, dos: una serie negra, áspera, con un ex policía en su centro. Y un drama humano narrado con gran finura, con un abogado tramposo pero con una peculiar bondad.

Que una serie cuente en realidad dos historias paralelas es un arma de doble filo (perdón). El riesgo de que la serie se vuelva esquizofrénica, de que una de las dos historias fagocite a la otra o de que se anulen mutuamente, impidiendo que se desarrollen en plenitud, es altísimo. “Better Call Saul” evita esos peligros. Sus dos historias mantienen un equilibrio perfecto. Las tramas de Mike y Jimmy corren paralelas. Y si la primera va llevándonos a un terreno cada vez más conocido, al final del cual tal vez espera el impecable dueño de una cadena de pollerías, en la segunda nos permite descubrir a un personaje que ya creíamos conocer.
Dos series que además tienen otro supuesto hándicap: sabemos qué va a ser de Mike y de Jimmy/Saul. Para que no quede duda alguna, tanto la primera como la segunda temporada (es de prever que también la tercera) se abren con una excelente escena en blanco y negro, donde podemos observar a Saul en su nueva vida en ese programa de protección de testigos particular en el que acabó al final de su periplo como asesor de Heisenberg. Podría pensarse que no hay interés en un viaje cuyo final e incluso buena parte del trayecto ya conocemos. Ja. Si creen eso, por favor, por favor, empiecen a ver la serie. Si no, también, caramba.
No deja de ser un guiño divertido que los dos coprotagonistas sean Mike y Jimmy, o sea, Saul. Después de todo, el personaje de Mike entró, según tengo entendido, en la serie de Heisenberg, porque Bob Odenkirk no podía rodar ciertas escenas, en concreto, la eliminación del cadáver de la pobre Jane. Era Saul, el leguleyo todoterreno, quien debería haber aparecido para ayudar al destrozado Jesse. En su lugar, apareció este hosco calvo, de mirada sagaz y voz granítica. Y se hizo con un puesto de honor. Y al cual volvemos a disfrutar.

Empecemos, pues, por Mike Ehrmantraut, aunque sólo sea para evitar que Jonathan Banks nos atraviese con una de sus largas ojeadas silenciosas. Banks es inmenso. Se nos resiste a aparecer y, aun cuando lo hace, se pasa buena parte de la primera temporada simplemente sentado en su puesto de trabajo oficial, sacando de sus casillas a Jimmy cada vez que tiene que entrar o salir del aparcamiento. ¡Lo que es capaz de hacer este actor apenas moviendo una ceja, un labio o carraspeando un poco! Sin embargo, ese grandioso episodio quinto de la primera temporada, tan sombrío, tan terrible, le mete de lleno en la serie y le concede la mitad de la corona.
A partir de entonces, la de Mike es una trama negra como Dios manda. No sólo tenemos su pasado en Philadelphia, que puede reaparecer en cualquier momento. No sólo tenemos su faceta humana, como abuelo entrañable y suegro modelo, mientras consigue dinero para su familia ejerciendo de matón profesional (de una profesionalidad ejemplar). Además, a través de las andanzas de Mike, el clan Salamanca vuelve a nuestras pantallas, para mayor regocijo, y el mundo de “Breaking Bad” asoma las orejas. Cierto que Tuco hizo su reaparición con Jimmy, no con Mike, pero cuando se vuelve realmente jugosa la implicación del cartel es con Mike, no con Jimmy.
 Cada escena de esta parte de la serie es una delicia. Perfectas. Trozos de gloria cinematográfica. Diálogos breves, concisos, entre gentes duras y de pocas palabras. Los encuentros armamentísticos entre Mike y Lawson, el vendedor de artillería a granel, son fantásticos. Ese burlón guiño hacia Walter White en ese patético cocinero de droga con ínfulas (tan lejos del ambicioso Heisenberg, pero irónicamente cercano al fracasado profesor de química). ¡Y qué decir de los dos encuentros cara a cara con Hector Salamanca, aún no prisionero de la silla de ruedas y de esa irritante campanilla!

Sin embargo, por grande que sea Mike, es Jimmy quien tiene la parte del león en la serie. Es justo que así sea. Y si Jonathan Banks es un grande, Bob Odenkirk es un monstruo. Jimmy, aún no Saul, es un personaje digno de interpretar. Desde sus escenas como abogado de oficio a sus chanchullos como estafador en bares y restaurantes. Desde sus estratagemas comerciales a sus discursos de vendedor de humo. De sus triunfos legales (porque sí, es un buen abogado) a sus reflexiones mientras bebe agua de pepino. ¡Qué personaje! Gilligan no hace más que dar criaturas de antología.
 El drama de Jimmy es muy diferente del drama de Mike. De hecho, cuanto más alejado está Jimmy del mundo del crimen (al que sabemos que regresará) más interesante se vuelve su historia. Porque se convierte en una historia de personas y relaciones, de amores y odios. Del gran amor entre Jimmy y Kim. Del gran odio, que nace de un gran amor, entre Chuck y Jimmy.
 Kim, una espléndida Rea Sheehorn, es la brújula moral de la serie. Si hay un personaje radicalmente positivo, es ella. Si hay alguien por quien el espectador sin inclinación por la oscuridad tenga simpatías instintivas, es Kim. Gran abogada, rigurosa profesional, ambiciosa con escrúpulos, mantiene su dignidad humana en todo momento. Desde su grito de alegría en los aparcamientos de HHL a sus miradas a Jimmy cuando descubre alguna de sus trapacerías, es difícil de quién disfrutar más, de la actriz o del personaje. Y Kim, en especial en la rotunda segunda temporada, se ve, por su amor por Jimmy (es peculiarmente placentero ver a la moral Kim deslizarse al mundo turbio de Jimmy, en sus estafas de recepción de hotel) en la guerra terrible que se libra entre los hermanos McGill.
Un hombre tenía dos hijos. Un hijo mayor, cumplidor de la ley, severo observador del deber. Un hijo menor, encantador, fullero, que malgasta la herencia de sus dones y facultades. Uno que siempre está en su puesto, pero que no ama ni es amado. Uno que danza al borde del abismo, pero lleno de vida. No puedo dejar de pensar en esa prodigiosa parábola evangélica mientras veo “Better call Saul”. Es uno de los textos más sutiles de la Historia, se interprete como metáfora teológica, como narración psicológica o como ambas. Junto al cuadro de Rembrandt, esta serie es la plasmación más clara de estos dos personajes que he visto nunca.
La serie es de una astucia tremenda en la presentación del conflicto. Durante la primera temporada nos deja creer (sin mentirnos nunca de modo descarado) que el culpable de que a Jimmy se le cierren los caminos legales es Hamlin, la supuesta cabeza del bufete de abogados; es él quien parece ser el mayor antagonista del más joven de los McGill. Aunque sabemos bien que Jimmy no es ningún santo varón, le vemos cuidar con fraternal solicitud a su hermano enfermo, defendiéndole a capa y espada frente a los consejos médicos, por muy certeros que sean, buscando, con una admiración que despierta ternura, la aprobación, la estimación, la caricia de su hermano mayor. Por eso es tan lacerante para Jimmy (y el espectador) el desenmascaramiento de Chuck, sus crueles palabras de rechazo. Por eso es tan terrible la lucha que libran en la segunda temporada, inteligencia contra inteligencia: una mente rigurosa y brillante contra una flexible y astuta.

Carla Nicol Vargas berrios

             Sin embargo, la serie también nos da cuenta de los pecados de Jimmy. Y no son pecados menores. Es comprensible el rechazo que Chuck puede sentir por su hermano menor y por sus prácticas. No obstante, no logramos sentir simpatía alguna por Chuck. El hermano mayor, rigorista, no conoce la piedad para con nadie, para con ningún error, ni propio ni ajeno. Cumple hasta la letra pequeña de la ley, todos los deberes, sin conocer más satisfacción que la del deber, impuesto o autoimpuesto, cumplido. Que es incapaz de coger la mano de su hermano para ayudarle a salir del hoyo. Porque esto es terrible: tan convencido está Chuck en su desdén por Jimmy, que, de manera consciente, sabotea todas las posibilidades de que su hermano logre triunfar de un modo honrado. Claro que Jimmy también pone de su parte. Pero Chuck actúa con Jimmy como quien le da la llave de una destilaría a un alcohólico y luego le señala, censor, cuando está totalmente borracho.
Esta guerra, que sin duda será sin cuartel en la próxima temporada, es el combate psicológico que más sin aliento me ha dejado desde el enfrentamiento entre genios perversos de Heisenberg y Gustavo Fring. Pero Jimmy lleva las de perder: porque, por experto en tretas que sea, su cariño por Chuck le lleva a desbaratar sus golpes, en última instancia. Mientras que el rencor acumulado por Chuck (esas reveladoras secuencias de la cena con la exmujer de Chuck o en el lecho de muerte de la madre) le lleva incluso a traicionar su beatería legalista.
 Sí, un hombre tenía dos hijos. Pero aquí sólo tenemos a los hijos, no al padre. Kim es la única voz que pone a ambos ante el espejo. Sabemos que el pródigo hijo menor no resistirá en casa de Kim, que volverá a los senderos torcidos. No sabemos qué será del hijo mayor, como tampoco sabemos qué fue de él en la parábola. En este mundo de Nuevo México, sin redención, es probable que si uno se pierde por un lado, el otro quedará, rígido, solitario, preso de sus propias cadenas.
¡Pero qué magnífico será ver esto y todo cuanto nos tengan en reserva esta panda de genios!

viernes, 19 de mayo de 2017

Leonel y Marco "primos"Salamanca (Daniel y Luis Moncada ) a

Carla Nicol Vargas Berrios



(conocidos como los primos Salamanca o simplemente los Primos) son dos hermanos gemelos que trabajan como sicarios para el Cartel Juárez. A pesar de su aspecto austero y su interacción prácticamente no verbal, son unos temibles asesinos que matan sin vacilación ni emoción.
Eran sobrinos de Hector Salamanca, el cual les enseñó que la familia lo es todo (demostrando eso cuando intentó ahogar a uno de ellos hasta que el otro lo detuviera). Tienen dos primos conectados a las acciones criminales, Joaquin y Tuco Salamanca. Marco es asesinado por Hank Schrader mientras intenta matarlo para vengar a Tuco, y Leonel más tarde es silenciado por Mike Ehrmantraut por orden de Gus Fring.

Historia

Los Primos fueron criados por su tío, Hector Salamanca. Cuando eran niños, Marco rompió el juguete de Leonel, ocasionando que este fuera a quejarse con su tío y afirmara que lo quería muerto. Como respuesta, Hector engañó a Marco para que se inclinara sobre una tina de agua helada a buscarle una cerveza y procedió a tratar de ahogarlo, preguntándole a Leonel si eso era lo que quería. Hector continuó intentando ahogar a Marco, hasta que finalmente Leonel lo detuvo dándole un golpe en la nariz. Hector les revela que en realidad hizo eso para demostrarles que "la familia lo es todo". (One Minute)

Better Call Saul

Temporada 3

Héctor y Gus se encuentran en un lugar remoto, flanqueados por sus respectivos secuaces. Por un teléfono con altavoz, Héctor se comunica con Juan Bolsa, quien le dice que Don Eladio está satisfecho con el nuevo "método de transporte consolidado" para enviar drogas a través de la frontera y quiere que la práctica continúe utilizando la red de distribución de Los Pollos de Gus exclusivamente. Héctor rompe enojado el teléfono, queriendo tener su propio método de distribución en lugar del de Gustavo. Los problemas cardíacos de Héctor se manifiestan, lo que lo lleva a abrir el vial que contiene las píldoras con púas de Nacho. Sin embargo, las pastillas no tienen ningún efecto aparente y Héctor maldice a Eladio, Bolsa y Gus antes de irse. (" Caída ")

Se produce una reunión del cartel en el almacén de Héctor en Albuquerque con Gus y Juan Bolsa, sin que ellos lo sepan Nacho Varga .planea matar a Héctor en el acto. Bolsa le informa a Héctor que Don Eladio está reforzando sus órdenes con respecto a las operaciones de Gus. Héctor se enfurece por las órdenes de Don y comienza a gritarles a Bolsa y Gus que los Salamanca han trabajado duro para el cartel, perdieron sangre por el cartel, invirtieron dinero en el cartel e incluso entonces los tratan como perros. Héctor comienza a tener otro ataque en su estado de furia, sufre un gran dolor cuando trata de tomar su medicación; las píldoras enriquecidas de Nacho finalmente hacen efecto. huye Héctor sobrevive y lo llevan a un hospital en ambulancia, mientras que Gus sospecha con razón de la participación de Nacho. (" Linterna ")

Temporada 4

Inmediatamente después de que se llevan a Héctor en una ambulancia, Nacho se queda parado en el estacionamiento de la tapicería con Gus. Mientras Gus hace una llamada en su teléfono celular a Juan Bolsa, Nacho ve una rejilla de alcantarilla rota en el suelo y se mueve para dejar caer en secreto su frasco de píldoras contaminadas. Sin embargo, tiene que abortar cuando Gus termina la llamada y le dice que Bolsa quiere hablar. En la granja de pollos Los Pollos Hermanos, Bolsa les dice a Nacho y Arturo que los Salamanca mantendrán su territorio a pesar del aparente derrame cerebral de Héctor y les indica a la pareja que continúen trabajando como antes. Después de que Nacho y Arturo son despedidos, Bolsa consulta con Gus, quien cree que alguien hará un movimiento en los Salamanca que desencadenará una guerra contra las drogas y atraerá a la DEA (" Humo ").

Después del ataque organizado a Nacho, Gus recibe una llamada de Juan Bolsa informándole del ataque a Arturo y Nacho. Al notar las similitudes con dos golpes anteriores en los camiones de Héctor (los cuales en realidad fueron obra de Mike), Gus y Bolsa acuerdan pasar cargas ficticias por la frontera hasta que se identifique a los culpables. Cuando Gus le dice que no queda más de una semana de suministro de producto, la Bolsa le ordena ir a ignorar los edictos de Don Eladio y buscar un proveedor al norte de la frontera (" Algo hermoso ").

Temporada 5

Lalo conduce a la granja de pollos para sentarse con Gus y Juan Bolsa sobre la cocaína alterada que descubrió y Werner Ziegler. Gus admite falsamente que reemplazó en secreto parte de la cocaína del cartel con metanfetamina después de que Werner tropezó con el negocio de drogas de Gus y robó el producto. Cuando Lalo exige saber en qué "proyecto de construcción" estaba trabajando Werner, Gus le muestra a él y a Bolsa una estructura enorme que los hombres de Werner están construyendo para un enfriador industrial. Lalo conoce a Mike, quien supervisa al equipo. Con Lalo aparentemente apaciguado, Bolsa le dice a Gus que Eladio no está satisfecho con la violación y le advierte que no vuelva a guardar secretos del cartel.

Fuera de la granja de pollos, Bolsa confronta a Lalo por espiar la operación de Gus y asesinar al empleado de TravelWire . Lalo responde que simplemente está velando por los intereses de su tío Héctor, quien cree que Gus le guarda rencor al cartel después de que Héctor ejecutó a su amigo. La Bolsa insiste en que Gus solo se preocupa por los negocios, a lo que Lalo expresa escepticismo debido a un incidente pasado no especificado en Santiago. Bolsa dice que Gus nunca será "uno de los nuestros", pero que es un buen trabajador que mantiene feliz a Eladio, que es todo lo que importa. Lalo le dice a Bolsa que no tiene más problemas con Gus (" Hombre Mágico ")

Después de que Jimmy McGill es emboscado en el desierto mientras traía $ 7 millones para otorgarle la fianza a Lalo y después de que Mike descubre el tatuaje que tenían Tiburón y la pandilla de la que formaba parte, Gus se da cuenta de que Juan Bolsa los contrató. Gus llama a Bolsa, quien está complacido de que Gus pueda volver a la normalidad y señala la reciente racha de "mala suerte" que ha sufrido. Gus le explica a Mike Ehrmantraut que Bolsa había contratado a la pandilla para proteger sus propios intereses al proteger los intereses de Gus. (" Mala elección de camino ")

La Bolsa informa a Don Eladio cuando Lalo lleva a Nacho Varga a conocer al líder del cartel. Aunque permanece en silencio, Bolsa no parece particularmente complacido con la situación. (" Algo Imperdonable ")


BREAKING BAD

Temporada 2

Los Primos se mencionan brevemente cuando Tuco Salamanca secuestra a Walter White y Jesse Pinkman tras la represión policial de sus operaciones. El plan de Tuco es llevarse consigo a Walt para que cocine a tiempo completo y afirma que sus Primos vendrán a ayudarlos pronto. Sin embargo, antes de que los Primos lleguen, Walt y Jesse consiguen escapar y Tuco es asesinado por el agente de la DEA Hank Schrader. (Grilled)
Algún tiempo más tarde, cuando a Hank lo ascendieron para que trabajara en El Paso, el jefe de los Primos, Juan Bolsa descubre que uno de sus hombres, Tortuga, es un informante de la DEA. Luego de citarlo en un bar, lo engaña para que fuera a ver un regalo a la parte de atrás. Allí, Tortuga es atrapado por los Primos, los cuales lo apoyan sobre una mesa y utilizan un machete para decapitarlo, como castigo por su traición al Cártel de Juárez. (I.F.T.) Más tarde, la cabeza de Tortuga se colocó en la espalda de una tortuga con C4 para matar a los agentes de la DEA con los que el traidor estaba trabajando. (Negro y Azul)

Temporada 3
Adoradores de  Santa Muerte 



La dramática llegada de los Primos a los Estados Unidos. (No más)

En el desierto de México, los Primos llegan en un Mercedes caro cuando un grupo de gente está rindiendo culto a la Santa Muerte arrastrándose por el suelo. Ellos los imitan y luego dejan una ofrenda y un retrato burdo de "Heisenberg" (Walter White). Los Primos más tarde llegan hasta una pequeña casa en ruinas, donde robaron su ropa a una familia, la cual no opuso ningún tipo de resistencia, posiblemente sabiendo quienes eran los Primos. Marco y Leonel se cambian sus trajes impecables por ropa desgastada ante la mirada de la familia. Marco deja entonces las llaves de su Mercedes en el cuerno de una cabra, y los Primos se marchan.
Finalmente, los Primos se las arreglan para conseguir un camión de fardos en el que trasladan inmigrantes ilegales para cruzar la frontera con Estados Unidos. Un joven hablador comienza a darles una charla sobre su experiencia pintando coches para gángsteres en Michoacán, pero se detuvo cuando, observando los cráneos de plata que tienen en la punta de sus botas, comprobó que se trataban de miembros del Cartel de Juárez. Dándose cuenta de que el joven los ha descubierto, la solución de Marco y Leonel es matar a todo el mundo en el camión. Cuando el conductor sale a investigar, es asesinado por Leonel. Los Primos incendian el camión y van caminando por la carretera hacia la frontera con Estados Unidos, mientras el camión explota. (No más)

Los Primos esperando para matar a Walt. (Caballo Sin Nombre)
Los primos  
Después de entrar en los Estados Unidos, los Primos localizan a su tío, Hector Salamanca, en el Hogar de Ancianos Casa Tranquila, situado en la ciudad de Albuquerque, Nuevo México. Debido a que su tío no puede hablar por un ictus que sufrió hace años, solo se comunica con una campana. Los Primos deben usar un tablero de Ouija e ir señalando una a una las letras hasta que Hector lo detenga en la correcta. Así, descubren el nombre real del sujeto al que hasta el momento la policía identifica como "Heisenberg", el hombre que supuestamente mató a su primo Tuco: Walter White. Los Primos logran encontrar a Walt y lo esperan en su casa con un hacha para matarlo. Por casualidad tuvieron suerte, ya que Walt había estado fuera por semanas y justamente ha regresado el día en el que ellos llegaron. Mientras Walt toma tranquilamente una ducha, sin darse cuenta de nada, los Primo se sientan en la cama a esperar. Pero antes de que puedan realizar cualquier acción, reciben un mensaje de texto que dice "POLLOS". Luego de ver ese mensaje, los Primos abandonan la casa antes de que Walt termine de ducharse. (Caballo Sin Nombre)
Juan Bolsa organiza una reunión entre él, Gus Fring, Hector y los Primos. Bolsa explica a Gus, para el cual Walt lleva un tiempo trabajando y por tal motivo lo necesita vivo, que fue Walt quien mató a su primo Tuco y que por eso quieren acabar con él. Gus, que controla todo el trafico de drogas al norte de la frontera con Nuevo México, replica que Walt pertenece a su negocio y por tal motivo no pueden hacerlo. Sin embargo, agrega que una vez que termine sus negocios con Walt, podrán matarlo tranquilamente. Más tarde, Bolsa llama a Gus y le advierte que si bien de momento puede controlar a los Primos para que cumplan con el trato, tarde o temprano acabarán cediendo ante su ira e irán a por Walt sin su consentimiento. (I.F.T.)
Mientras esperan la respuesta de Gus, los Primos consiguen albergue matando a una anciana en las afueras de Albuquerque y apoderándose de su casa en una reserva. Más tarde, un policía llamado Bobby Kee investiga la desaparición de la mujer y descubre el cadáver de la mujer. Cuando ve a los asesinos en la casa, el policía se dispone a atraparlos. Sin embargo, cuando consigue apuntar y acorralar a Leonel, este le tiende una emboscada con Marco detrás para matarlo de un hachazo en la cabeza.

Los Primos hablan con Gus en el desierto. (Sunset)

los primos
Cuando finalmente se impacientan, los Primos visitan a Gus en Los Pollos Hermanos, sentándose durante horas en el restaurante continuamente, sin ordenar nada y con el simple propósito de intimidar al traficante. Después de dos días repitiendo eso, Gus se cansa de ellos y organiza una reunión en el desierto. Allí, les dice que si bien Walt pudo haber "traicionado" a Tuco, cosa que también pone en duda, no fue él quien lo mató. Marco explica que saben que fue un agente de la DEA, pero que Juan Bolsa les prohibió atacar a cualquiera relacionado con la ley. Gus replica que en Albuquerque el que manda es él, no Bolsa, por lo que les da el nombre del agente de la DEA: Hank Schrader, y les dice que espera que su muerte los satisfaga. (Sunset)

Leonel siendo aplastado entre los dos autos por Hank.(One Minute)


los primos en desierto 

Similar a como casi hacen con Walt, los Primos visitan un pequeño santuario en honor a la Santa Muerte en alguna zona del desierto de Nuevo México, y colocan una foto de Hank en el altar. Más tarde se reúnen con un traficante de armas para que les proporcione chalecos antibalas. Ahí, Marco recibe una bala de punta hueca como muestra gratis. El traficante les da dos chalecos y se jacta de la calidad de los mismos, mostrando como siempre lleva uno consigo. Marco procede a dispararle en el pecho, rompiéndole una costilla y, cuando el traficante sobrevive, aceptan comprar los chalecos y marcharse de allí.
Los Primos siguen a Hank hasta el estacionamiento de una tienda. El agente está desarmado debido a que golpeó a Jesse Pinkman salvajemente y, como consecuencia, tuvo que entregar la placa y la pistola. Gus Fring, sin embargo, le advierte a Hank a último momento de lo que le va a pasar, hablando por teléfono con una voz codificada. Leonel se acerca a la camioneta de Hank por atrás y Marco por delante. Avisado por Gus, Hank instantáneamente vuelve con su camioneta en reversa, atrapando a Leonel entre su coche y el que había aparcado detrás, y aplastándole las piernas como resultado. Un sorprendido Marco dispara a quemaropa contra Hank para obligarlo a que adelante la camioneta y libere a su hermano. Este lo hace y se baja del coche para escapar corriendo. Cuando Leonel cae al suelo, herido, mira a Marco y se limita a susurrar "Termínalo".

Hank ejecutando a Marco. (One Minute)

culto  de santa muerte 
Marco persigue a Hank a pie, matando a un transéune en el estacionamiento, y con eso gasta sus dos últimas balas. Cuando se detiene a recargar, accidentalmente deja caer la muestra gratis de bala de punta hueca que el traficante le regaló. Hank, armado con la pistola de Leonel, dispara contra Marco, dándole varias veces en el pecho. Sin embargo, debido al chaleco antibalas el daño es mínimo y cuando al agente se le acaban las balas, Marco le devuelve los disparos, uno al pecho y otro al abdomen. Hank queda herido y sin armas. Aunque podría acabar con él en ese momento, Marco decide que es "demasiado fácil" y va de nuevo al coche para recuperar su hacha. Mientras tanto, Hank encuentra la bala de punta hueca de Marco y recarga su pistola. Cuando Marco reaparece con el hacha y la alza en el aire dispuesto a darle al agente el golpe de gracia, Hank le dispara a la cabeza, volándole la tapa de los sesos. (One Minute)

Los primos 
La muerte de Leonel. (I See You)

Después del tiroteo, tanto Hank como Leonel son llevados al hospital. Mientras que a Hank tienen que hacerle una cirugía y permanece en estado crítico, Leonel vuelve a estar consciente mucho antes que el agente, para gran disgusto de los amigos y la familia de Hank. Sin embargo, debido al atropellamiento de Hank las dos piernas de Leonel son amputadas. Walter White es más tarde invitado por Steven Gomez, compañero de Hank, a ver al sicario en su cama, Leonel despierta y ve a Walt a través de un vidrio. Nada más ver al hombre que traicionó a Tuco, el ritmo cardíaco de Leonel se ascelera, y el sicario se arranca todos los electrodos y salta de la cama. Leonel intenta arrastrarse hacia Walt dejando un rastro de sangre de sus muñones, hasta que los médicos lo capturan y lo sedan. Leonel sabe que Gus Fring había delatado a Hank del atentado antes de que sucediera, por lo que este envía a Mike Ehrmantraut a silenciarlo. Mike envenena con una inyección letal a Leonel y los médicos atribuyeron la repentina muerte del sicario a un paro cardíaco. (I See You).

Santa Muerte, Santísima Muerte o Muerte



Santa Muerte, Santísima Muerte o Muerte es una figura popular mexicana que personifica la muerte y es objeto de culto. Diversas iglesias como la católica, bautista, presbiteriana, metodista, entre otras, rechazan y condenan su veneración, considerándola diabólica.
Algunas corrientes cristianas (incluyendo el catolicismo) se oponen a que se le adjudique el título de Santa pues carece de las características tradicionales para recibirlo, cabe destacar que los collares se pueden prestar(a excepción de los Arcángeles, solo los seres humanos reciben el título de Santos cuando han llevado una vida en la que ejercitan heroicamente las Virtudes Cristianas alcanzando un estado de comunión y amistad con Dios llamado Santidad -no se confunda con Sacralidad-) para la mayoría de los cristianos la muerte es un estado y no una entidad personificada ni personificadora lo que deriva en que se considere pecado de idolatría cualquier intento de mistificarlo.
Los ritos con la Santa Muerte suelen ir asociados a rituales y hechizos, teniendo un componente más esotérico.



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Daniel Moncada

Daniel Moncada es un actor hondureño que en Breaking Bad interpreta a Leonel Salamanca, uno de los primos. Es hermano de Luis Moncada, que interpreta al otro primo, Marco.

Luis Moncada

Luis Moncada es un actor hondureño que en Breaking Bad interpreta a Marco Salamanca, uno de los primos. Es hermano de Daniel Moncada, que interpreta al otro primo, Leonel.



La serie de televisión Breaking Bad.

Introducción  Breaking Bad es una serie de televisión dramática estadounidense creada y producida por Vince Gilligan. Breaking Bad...